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A juzgar por E. Walter Palm, la capilla sería la
única construcción religiosa de la isla de Santo Domingo perteneciente al
siglo XVI que no presenta influencias góticas. El ingenio fue anterior a
1534, puesto que es mencionado por Gonzalo Fernández de Oviedo en su
Historia General y Natural de las Indias. El plano es de dos
tramos, ábside poligonal y sacristía adosada. Se considera una primaria
obra renacentista antillana.
Sin el palacete que acompaña a la obra, y
sin el contexto del primer tercio del siglo XVI, sería difícil entender
las líneas de tan bella concepción.
La capilla de Engombe era lugar de culto
católico del grupo familiar propietario de la zona. No se conoce el nombre
de los fundadores de Engombe. El término Engombe con el que se conoce el
lugar es una voz africana que para muchos significa buey, o ganado.
Algunas tribus del río Congo se denominan aun hoy como N-gombe, nombre
similar al del ingenio, lo que indica que el lugar fue habitado por
esclavos de origen congolés.
La cercanía entre la iglesia o capilla y el
palacete habla de una concentración del núcleo familiar en un área
relativamente pequeña, en la que también estaban la casa de purga y los
almacenes. La comida fundamental de los esclavos y posiblemente de algunos
capataces de la zona fue el casabe. El ingenio tenía sitio para fabricar
las hormas de azúcar, o sea un alfar de grandes proporciones a juzgar por
los miles de fragmentos de hormas excavados por arqueólogos de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo. La presencia de burén para la
confección de casabe era una parte importante del material obtenido en
estos estudios llevados a cabo en 1972, bajo la dirección de Marcio Veloz
Maggiolo.
Gracias a los trabajos de restauración del
Ing. Ramón Báez López-Penha, la capilla alcanzó, desde los inicios de los
mismos en 1963, su gracia y originalidad.
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